Daltonia

Azul maligno
de la profundidad del océano,
de la oscuridad de sus planes,
de mantenernos sin peces.

Rojo prisión
de sus ojos en sangre,
de sus gafas al sol.
De sus labios astutos
que avivan la discusión
para obtener pacientemente
los frutos de nuestra desesperación.

Verdesesperanza
del hedor de sus billetes,
de sus pantanosas artimañas.
De sus monos de trabajo,
de sus mohosas lápidas,
y de lágrimas de padres
huérfanos de patria.

Blanco roto,
de infancias perdidas,
de sueños ultrajados.
De dioses adorados,
en sus dorados templos
y de vómitos de sangre
con cada cuerpo muerto.

Cuídate bien de las coloridas puertas
de los sombríos caminos
que conducen a las catacumbas
de los aparentes paraísos,
pues allí aguardan
custodiados por el can Cerbero
los peores demonios
que somos nosotros mismos.

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Azar 2

Te quejas de tu suerte,
de que tiendo a desaparecer.
Me dices que no me comprendes.
¿Qué es lo que quieres saber?

Soy un espíritu libre,
¿tanto cuesta de entender?

Repites que no te quiero.
Que actúo por impulsos.
Que siempre ando por ahí,
quemando todo el dinero.

Pero solo cuando no me tienes,
solo cuando no me retienes,
es cuando te acuerdas de mí.

¿Pretendes pasearme?
¿Exhibirme como a un animal herido?

No soy tu esclavo, ¿sabes?
Yo parto y reparto. Maldita sea!!!

SOY EL DIOS DEL DEVENIR!!!

Y tú,
alma caprichosa,
mi mayor fortuna,
mi cornucopia
y mi único destino.
(Que lo sepas)

La ilusión titila

La ilusión titila
y aunque el ánimo zozobre
hay una suerte de viento
que agita
la bandera que enarbolan
mis lamentos
hábilmente transformados
en odas.

La ilusión titila
y en el cielo
que se extiende por todos mis adentros
aparecen astros que describen
órbitas inesperadas
presentes incluso antes
de mi nacimiento, ausentes
en mis años de delirio
que no acaban
o por así decirlo
sobreviven a la vana nostalgia
del pasado.

La ilusión titila
y yo soy otro
que contempla absorto un nuevo firmamento
resistiéndose a aceptar que este fracaso
es mi nombre
y que un nombre te acompaña
de por vida.

Azar

Leve inclinación, corta distancia,
breve reunión, encuentro a ciegas,
tallo enrevesado, flores blancas,
vuelven a la mar, vientre en la arena.

Ascuas del ayer, hoy avivadas,
mañana serán sólo cenizas,
una mano extraña las apaga,
otro día vuelve y las atiza.

Su rostro inefable ahora sonríe
con las manos llenas de cemento.
Construye pasillos y barreras,
ajeno al amor y al sentimiento.

Oirás sus pasos, siempre tarde,
preverás sus actos, si él lo cuida.
No es que sea valiente ni cobarde,
es la esencia misma de la vida.

To be

Soy río desbordado
ocupando su cauce natural.

En él crecieron malas hierbas
que me dispongo presto a arrancar.

Llevaos vuestras miserias,
no os daré otra oportunidad.
Fuera de mi vida ahora mismo,
no lo pienso repetir más!!!

Anegaré todo a mi paso
para volver a comenzar,
para que tenga sentido la vida
y no me tenga que avergonzar
cuando os mire de nuevo a los ojos,
a vosotros que me importáis.

No es locura transitoria,
es mi forma de mirar.
Es mi fondo, son mis formas,
y mi modo de caminar.

No es capricho ni artificio
mi forma de ser y estar

(to be & to be style)

Las canciones de los años sin vida.

Capítulo 3.

EL AVIÓN (O LA HUÍDA) – 31 de agosto de 2018.

Roma parecía un buen destino.

Un gran destino para explorar nuevas posibilidades, nuevas realidades, nuevos encuentros. Así que una tarde de finales de septiembre cogí un avión destino a Roma.

Después de unos meses de sentimientos de ira, fracaso, decepción, hastío… meses “de nada”, meses de vacío, cogí un avión. Fue una decisión repentina, precipitada, nada meditada.

Sí, meses muertos, meses de caída que me llevaron a tomar una decisión. Aunque yo no tomé esa decisión, no. La decisión apareció sola, implacable y se apoderó de mí.

Irse era lo mejor, subir a un avión y partir, huir hacia otro lugar donde no hubiera pianos, ni profesores, ni música.

Una vida sin música, así viví mucho tiempo, muchos años.

Y viví, pude vivir como una persona normal, si, normal, que se va a vivir a Roma y va a la Universidad, conoce gente y sale a cenar, hace amigos y va a museos, hace excursiones y duerme, cuando puede, cuando llega la noche.

Una persona que no toca el piano.

Pero no fue una decisión, fue la imposibilidad de seguir adelante. Fue la parálisis del cerebro y del cuerpo ante un teclado, ante un tribunal, si. La mente en blanco, preguntándose qué hacer en aquel momento, cuando todos te miran y esperan que toques, que “demuestres”, por fin, ¿qué?.

En el avión lloré; lágrimas sosegadas de libertad y esperanza, de nostalgia, de pérdida.

Estuve poco tiempo en Roma. El tiempo justo para acostumbrarme a vivir como los demás, esa fue mi decisión. Tiempo suficiente para aniquilar los sueños y desterrarlos por completo de mí.

Para olvidarme del piano.

Y así viví durante diez años, sin música, sin piano y cogiendo aviones, como los demás.