Negro oscuro

Apostaré todo al cordero,
y todo lo perderé, otra vez.
Fracasaré sin parar.
Erraré todo lo humanamente posible.
La cagaré hasta el fondo,
sin miramientos,
sin concesiones.

Invertiré en fondos cerdo
Me revolcaré en el lodo.
Me comeré la gran manzana
con sus gusanos dentro,
sin remordimientos,
sin vergüenza.

Y se me indigestará.
No está hecho mi estómago
para la fruta podrida.

Apostaré mi alma al lobo.
Asesinaré a mi ego
(no lo echaré de menos).
Confesaré mi crimen
mirándoles fijamente a los ojos
y cumpliré condena
en libertad vigilada…

… y me comeré al cerdo
y me comeré al cordero.
Lo quemaré todo.
Y huiré a las montañas.

Aullaré hasta decir basta
(y no lo diré, jamás! )

Aullaré…
sin descanso,
sin remedio.

Hasta que solo el tiempo
y tú, amor mio,
me deis la razón.

Anuncios

En tornado

Futuro entornado y atroz.
Y yo enredado en el entorno.
Intentando desenmarañar.
Desolación. Sed. Trastorno.

Nada parece importar.
Nada amaina este bochorno.
Nada…hasta ahogar.
Extenuación. Asfixia. Sahorno.

Mucho ruido. Demasiado.
Tantas palabras. Escombros.
Revoltijo. Carnaval.
Sumidero. Peli Porno.

Lápida, nana feroz,
enredadera, losa, adorno.
Futuro entornado y atroz.
Camino sin retorno.

 

Tropecientas

Piedras, piedras, y más piedras.
Tropecientas piedras.
Tropecientas de tropezar.

Tropecé con piedras negras,
tropecé con piedras angulares.
Con piedras preciosas por fuera,
con piedras por dentro vulgares.

Y de tanto tropezar,
tropecé con la piedra de las piedras.
Yo que no creía en las casualidades.
Una piedra filosofal
en un universo de piedras normales.

Canto de cisne,
a las puertas del precipicio,
contadme, cantadme,
por favor advertidme.

De los cantos de sirena.
De los cantantes de pacotilla.
Para que naufragen en la orilla.
Para que perezcan en la arena.

Arena fina.
Arena rutilante.
Arena ancestral.
Arena ambulante.

Canto silencioso, testigo del ayer.
Canto rodado de tanto recorrer.

Arena que ahora acaricia mis pies.
Cuéntame como te sientes
en este mundo al revés.
Tú que fuiste montaña.
Tú que fuiste Everest.

A contracorriente

La tenacidad y el tiempo se ponen,
lo noto en sus gestos.
Entre ellos dos hay algo.
Si les prestas la debida atención
sabrás de lo que te hablo.

Juegos callados,
disputas de mechero.
Risas cómplices, sarcasmo.
Dejémosles jugar,
celebremos su entusiasmo.

Cuidemos de sus toallas
mientras disfrutan del baño.
Que su verano no termine,
que se sigan superando.

Que la tenacidad cuide del tiempo
con el tesón atesorado,
al tiempo que el tiempo la mima
sin prisas, enamorado.

Mi isla

En ocasiones me avalancho
a mi isla de naufragar.

Es un lugar recóndito
al que solo puedo regresar
con la oscuridad de la tormenta,
cuando me dejo arrastrar
por los avatares de la vida,
que son como las olas del mar…
que siempre están,
que siempre vuelven.
No pretendas averiguar
si intentan doblegarte
o te quieren enderezar.

Hay quien las surfea,
haciéndole trampas al mar,
que si algo tiene es paciencia
y todo el tiempo que puedas imaginar.

Así que tu tranquilo cabronazo!!,
que ya te engullirá.

En mi isla se respira
una atmósfera especial.
Aire caliente y cargado
con matices de húmeda tierra,
madera, óxido y notas de sal.
Si mi sangre fuera vino
sería de esta variedad.
Orgulloso. Alejado de lo divino.
Peleón y terrenal.

Aquí me consumo a mí mismo,
nada ni nadie me puede parar.
Permanecer en varadero desconocido
contemplando mi vida pasar.
Cuando solo queda
el vacío, y el desnudo vidrio,
ha llegado el momento de reciclar.

Entonces recupero la vista
y mi corazón el oído.

De repente te distingo a lo lejos
interpretando una canción, preciosa,
que suena a salvavidas
que sabe a redención.
Tú provocas que me enfrente,
de nuevo,
al escudo de coral que me forjé.

En mar abierto, por fin.
Abierto en canal.

Mal tiempo

En los tiempos que corren,
vuelan los puercos, a reacción vuelan.
Y los buitres que cabalgan
a lomos de lo inalterrible,
con devoción siguen su estela.

Con los tiempos que corren
las brillantes fachadas proliferan,
y los pobres corazones de hojalata
duermen entre cartones en las aceras.

Son los tiempos que corren.
Las estrategias que acorralan.
Sus mecanismos que aprietan
y a fuego graban sus marcas.

Estos tiempos que amasan
las blandas almas de las mansas masas,
y ahorcan sin contemplaciones a los lobos
nobles por naturaleza y a la fuerza canallas.

Son los tiempos muertos.
Son los tiempos perdidos.
Son los tiempos que corren,
que corren y que nunca avanzan.

Son los tiempos prisioneros,
por sus ismos aprehendidos.
Construyen cárceles al alba
temerosos de ellos mismos.

Los tiempos que corren
están agotados.
Son tiempos sin tiempo.
Son tiempos sin destino.

Espacios

Cuando alces finalmente la mirada
en la noche definitiva,
no te aflijas si recuerdas
que eres una sola gota de sangre
de esa descomunal amalgama
plagada de espacios,
de galaxias,
de estrellas y de tiempos.

Pues está conectada
por esas mágicas partículas
que nacieron de los silencios,
musicales y perfectos.

De la genialidad de tu fuerza,
de la plasmación de tu pensamiento.

De todo tu ser concentrado,
de tu interpretación del universo.